Otra noche en Guatemala Gótica 

 

“Después de la tormenta siempre llega la calma” no aplica para Guatemala. 

Es miércoles por la tarde y el tráfico no avanza en el periférico. Un día como cualquier otro en esta ciudad tóxica, donde un aguacero de 15 minutos hace que todo colapse y que un viaje de 1 hora acabe tardando 3.

Para matar el tiempo, decido entrar en lo que queda de Twitter, pero el anuncio de una “investigación” y una conferencia de prensa retrasada me recuerdan que este país no te da tregua, ni un segundo de paz. 

Veo a mi alrededor y no nos hemos movido un centímetro de este tráfico. Son las 6 y el cielo está oscuro, pero no por la noche. Las nubes son como esas que en las caricaturas insinuaban que había contaminación, suciedad. Ya sé, el cielo parece como la Ciudad Gótica de Batman, la serie animada

“Me sabe a mierda”, gritan los venezolanos del podcast de comedia que escucho en ese momento. Y sí. A veces es una triste poesía este lugar. 

Por años nos enseñaron que no es necesario tomar una posición política, que uno tiene que buscarse la vida solo y que si trabajas te irá bien sin importar quién esté al mando. Claro, eso lo empiezas a dudar cuando una estructura criminal del gobierno compra un medio privado, lo desarma y casi 8 años después siguen sin pagarle las prestaciones a los empleados. 

Supongo que uno cree que la corrupción no le hace daño hasta que tiene que perder o renunciar a algo que ama por culpa de los corruptos. 

Tal vez no se trata ni siquiera de tomar una posición política, es simple decencia. Conforme te haces mayor, aprendes que amar tu país no es poner banderitas al carro cada septiembre, escuchar marimba el sábado a mediodía o saberte las letras de Arjona. 

En realidad no amás ni siquiera un pedazo de tierra, pero sí a la gente que está en ella, a tu familia, a tus amigos, a la señora que vende jugos en la esquina y a la chica que te contó que tuvo que cerrar su salón de belleza porque la extorsionaron. Crees que lo mínimo que se merecen es que si se enferman tengan un hospital decente a donde ir. 

En 2015 llenamos las calles por algo que hasta parece un juego de niños comparado con lo que sucede ahora. Uno cree que en algún punto esa gente va a tener un poco de dignidad y retirarse, pero siempre lo sorprenden a uno. 

Mientras casi se cumplían las 3 horas de viaje, pensé que tener esperanza es algo así como una maldición disfrazada de bendición. Pero, a veces, es lo único a lo que podemos aferrarnos. 


Última modificación Lunes, 17 Julio 2023 10:36
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