VIDA...
IA+ El semgrador, de Van Gogh

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Veo un especial del actor colombiano Andrés Parra, en el que él se quita, frente al público presente, la piel, muestra sus entrañas y mediante su charla crea interrogantes en la gente hacia él, pero consigue que la mayoría, presumo, se cuestione su yo.

La plática va por la senda del "¿de verdad estoy siendo yo, o soy un actor que acomodé a mi entorno para tener una vida digamos, aceptable para el resto?"

Parra comulga con su esencia a partir de un punto de inflexión que le permitió abrir los ojos y darse cuenta que solo era un personaje en su devenir. Dice en medio de todo, que teniendo fama, dinero de sobra y todo cuanto quisiera, no era feliz.

Pienso, durante el evento: ¿Soy yo, o solo fui creando un personaje? Vale la pena cuestionarse, porque, creo, que muchas veces nos mimetizamos con la gente, trabajos, sociedad, a fin de encajar, aunque en el camino no seamos felices.

¿Lo somos?, ¿Lo soy? La respuesta, claro, es para mí, y debería serlo, para quienes en este momento de su vida, hayan tomado la decisión de abrir el telón que hay en nuestra existencia y ver tras bambalinas de nuestra vida.

La felicidad, se dice en consignas, canciones y libros, es de adentro a afuera. Trillado, sí, pero real. ¿Estoy con quien quiero?, ¿Hago lo que de verdad quiero?, ¿Soy la expectativa de mí?

Yo apenas estoy medio corriendo por esa cortina tras todo lo vivido y espero encontrar lo que asumo soy yo, sin muchas máscaras y sin muchas sorpresas...

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CIEN AÑOS DE SOLEDAD...

Materializaron aún más aquellas escenas que mi mente recreó cuando leí el libro. Me quedó sabor a poco, pero me quedó buen sabor.

Fascinante la búsqueda que iniciaron José Arcadio Buendía y Úrsula de ese lugar ideal para vivir y tener familia sin los miedos de tener descendencia con cola de cerdo.

La historia me cautivó, y fue un resumen que merecía más capítulos para tan emocionante historia contada por Gabriel García Márquez.

Las idas y vueltas por lo real y lo irreal, esa comunión que el escritor colombiano llamó realismo mágico, a través de Macondo y todas las vicisitudes que el pueblo fundado experimentó y la perdición de los Buendía, desde la locura del patriarca hasta la del coronel Aureliano.

Sin olvidar el sufrimiento de la gente a partir de las imposiciones del gobierno que solo busca feudos solo por el mero hecho de su expansión totalitaria.

Ariel Dorfman, autor de "Cómo leer al pato Donald" explica que el recordado Gabo podría no estar del todo satisfecho de esta producción, pero seamos sinceros, captar la esencia de una joya literaria tan extensa, dinámica y potente, en tan solo ocho episodios, era un tarea descomunal, muy difícil.

Sin embargo, apunta que García Márquez "estaría complacido, creo, con la dignidad otorgada a sus amados y falibles Buendía".

Última modificación Jueves, 26 Diciembre 2024 15:38
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