Muerte

...

MUERTE...

La buscas, la cosechas, la encuentras o te halla. No te le escapas. Solo te pospone en la lista.

No le tocaba dicen. No, la huesuda solo le dio un tiempito más. De pronto tuvo compasión, en medio de esa irreverencia ancestral, porque cuando quiere se lleva a miles.

No le importa cómo. Solo llega y toma. Se disfraza de enfermedad, de tragedia en las rutas, en el aire. De balacera en las calles, de suicidio. 

Te sorprende durmiendo. Sin que te des cuenta. En otras, te mira a la cara vestida de delincuencia, de sicario.

Otras es sufrimiento. Cáncer, diabetes, problema renal, alcoholismo. Estrés, abandono propio, baja autoestima.

Te busca, la encuentras, te aparece en el camino, aún cuando apenas hayas dado unos pasos. 

Otras veces te deja caminar largo, que veas más el paisaje, que te llenes de dinero, de penas, de ego, de premios, de hijos, de nietos, mientras te va quitando por otro lado. Te llena un bolsillo y te vacía el otro.

Así es ella. Fiel compañera. Desde que naces. Por eso el dicho: "pa nacer morimos".

 

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SEDUCCIÓN...

Tus manos dibujaban rosarios de eternidad sobre mi piel. Tus dedos eran pinceles pequeñitos que iban de salto en salto marcando formas. 

Traviesas, jodidamente embrujadoras. Embriagantes. Se paseaban de norte a sur, de este a oeste. Tus caricias eran alas al cielo.

Volaban nuestras mentes, emociones y sensaciones. Volaban mientras tus manos, eran mariposas en mi piel. 

Viajábamos como las nubes se trasladan por el cielo azul. Tan alto como la luna, tan intensos como los relámpagos.

Tus manos nos envolvían en pasión sin límite. Tus besos nos hacían vibrar. Yo era el espejo de todo lo que veíamos en las siluetas de una habitación a baja luz.

Me seducías con el roce de tus dedos sobre mi rodilla. Con esa mirada que sugería comernos. Con tu melena revuelta y tus labios de diosa.

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