¿Cómo es el lugar a donde no quieres volver?

Bienvenidos al parque de atracciones de la tristeza.

Contra mi voluntad voy a admitir que ando en mi era de citar y/o contradecir a Joaquín Sabina. “En Comala comprendí, que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, canta el español en Peces de ciudad.

Por mucho tiempo yo estuve de acuerdo con Sabina, pero últimamente he pensado que la tristeza es el único lugar a donde no quiero volver.

Hace algunos años la estaba pasando verdaderamente mal. Lloraba a diario y por cualquier cosa, incluso en horarios laborales. Me despertaba cada día a las tres de la madrugada y no lograba dormirme sino hasta mucho después. Dormir era un mecanismo de defensa, porque, a veces, en mis sueños, las cosas se arreglaban.

Cuando sonaba la alarma, no podía ni siquiera abrir los ojos. Era una mezcla de querer seguir durmiendo y sentir los ojos tan pesados de tanto llorar. Extrañamente, cada día me despertaba con la ilusión de que sería diferente, que algo cambiaría, pero nunca sucedía.

¿Comer? Mis lágrimas eran mi pan diario y los almuerzos eran especialmente difíciles. Sé que no es correcto lo que voy a decir, pero no hay mejor dieta para una gorda como yo que estar triste. Ni cuando de adolescente intenté ser bulímica “por moda” tuve tanto éxito.

En el proceso, empecé a buscar sedantes para mi dolor: me compré un montón de ropa que no necesitaba y me hice un terrible cambio de look. A veces fumaba tanto que sentía ganas de vomitar. Con el alcohol, fui prudente. Nunca voy a olvidar que una vez un editor me dijo que en esta profesión era fácil volverse alcohólico, que bebiera por alegría, pero no por tristeza. Uno de sus mejores consejos, si me lo preguntan.

Todos los días pedía por un milagro, que al final obtuve. Pero a veces los milagros también deben construirse viviendo tu duelo, yendo a terapia y haciendo ejercicio. Tampoco se habría logrado sin esos seres tan queridos que me dieron fuerzas para salir. Tal vez ni siquiera sabían qué estaba pasando, pero sus memes me daban vida.

Me emperra mucho cuando oigo a alguien burlarse de la salud mental de otros, como si fuera un invento millennial. Si nunca te has quedado dormido de tanto llorar o has tenido un ataque de ansiedad, mejor no opines.

Sinceramente, maestro Sabina, no sé si yo soy de las que tratan de volver a donde fueron felices. De lo que sí estoy segura es que lucho a diario y con todas mis fuerzas por alejarme de mi yo más oscura, de no volver a donde más triste fui.

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