¿Algo es mejor que nada?

No se puede retroceder el tiempo, pero sí arreglar el presente.

No me considero una mujer exigente. Es decir, yo no soy de las que cree que un hombre tiene que tener esto o aquello para conquistarla, que la tiene que llevar a “buenos” lugares, tratarla como una “princesa” o presentarla con sus amigos o su familia.

Claro, esto no quiere decir que podría andar con el primer hombre que se me cruce en el camino. Pero supongo que si me gusta física o intelectualmente y hay química entre ambos, todas las demás cosas pasan a segundo plano.

Sin embargo, últimamente me he preguntado si no estaré exigiendo muy poco. O peor aún, si me estoy exigiendo más a mí que a las personas con las que me relaciono. Sé que no soy una perita en dulce, pero de pronto, solo de pronto, me merezco algo más.

Tengo que admitir que alguna vez me metí en relaciones que no debía, que no eran moralmente correctas. Yo sabía que no estaba bien y que las cosas no iban a cambiar mágicamente, pero prefería eso a alejarme. Sabés que lo que te estás comiendo son migajas, pero te negás a soltar el plato.

El problema es que llega un momento en que ese patrón comienza a repetirse en otros ámbitos de tu vida o en relaciones más allá de las sentimentales. Empezás a “aceptar” situaciones o que te traten como se les da la gana, con tal de no perder algo o a alguien.

Joaquín Sabina tiene una canción que se llama Siete crisantemos y estoy segura que mi parte es la de: “Me enamoro de todo, me conformo con nada. Un aroma, un abrazo, un pedazo de pan. Y lo que buenamente me den por la balada”.

Supongo que a medida que uno crece esto deja de ser divertido. Te sentís sola y debés admitir, con todo el dolor de tu corazón, que hay relaciones en las que perdiste tu tiempo. Y pues sé que no hay forma de echar el tiempo atrás, pero tal vez aún se pueda arreglar el futuro.

Una vez un hombre sabio me dijo “Es que usted no se da su lugar”. Desde hace un tiempo, cada vez que alguien me ignora, se enoja solo porque sí o me dice una mentira tonta yo pienso en esas palabras.

Hay que confiar en lo que sentimos, pero también en cuando vemos que en unos ojos ya no hay cariño para nosotros. Esos sentimientos no se pueden forzar, merecemos algo mejor.

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