HURACÁN...
Intervención digital de la obra Tempestad de Ivan Aivazovsky

HURACÁN...

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HURACÁN...

Había pasado la tempestad y esta lo hizo padecer muchos infortunios. Se lamentaba de todo aquello que construyó y que de pronto ya no existía.

Pensó, bueno, lo intentaré de nuevo. Poco a poco, paso a paso, como estaba acostumbrado, pero mucho había cambiado, incluido él. 

Sueños y utopías revoloteaban en su cabeza, pero ya los años hacían demasiado peso en la maleta. Si esa maleta hablara...

Aspiró profundamente y resopló. Quizá era el último envión. Se lanzó a la aventura de reconstruirse. De salir del agujero, de elevar anclas y poner en alta mar el velero de su vida. Recordó aquella canción de la barca llamada libertad.

En el devenir de esta nueva versión de lucha, el mar se puso bravo. Las nubes eran grises y el viento fuerza retomaba con intervalos.

Se dejó llevar. Esta vez dejaría que la naturaleza guiara su camino. Quizá era mejor, quizá ese era su destino. 

Se dio cuenta de algo. Ya nada lo daba por seguro. Era ahora un juego de póquer. Vivir a diario, nada más. Y se dijo a sí mismo que era la partida final, y que en la incertidumbre la tempestad no daña tanto.

 

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SENSUALIDAD...

Rozar tu piel hacía erizar la mía. Magia total entre tú y yo. Escribiendo con la yema de los dedos historias fantásticas sobre cada tramo de tu cuerpo.

Despacio, para aprender cómo despertar tus ansias. Cómo te gusta experimentar miles de sensaciones, y dónde y cuándo aprietas las sábanas, que es la seña perfecta para saber que he conquistado tu ser.

La ventana empañada es signo de una batalla de magnitud colosal. La respiración a mil, y tú, maravillosa, eterna, mortal, única.

Y yo, preso de tus encantos, de tu magia, de tu esencia. Esclavo de la tiranía de tu sensualidad.

 

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