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El arte de no hacer nada y joder a todos: Anatomía del burócrata
...
LA DIPLOMÁTICA…
Negociar es la clave. Entender el vaivén entre lo bueno y lo no tan bueno.
Intriga, amigos que no lo son tanto, líderes que desean validación. Laberintos, esquinas con espacios oscuros y puntos ciegos.
Ángulos que no están a la vista del simple mortal, que requieren una especial atención, leer entre líneas, madurar el lado más perverso fingiendo que se es ingenuo, o al menos bien intencionado.
El negocio es hablar y parecer entender al aliado, aún cuando solo se busque el beneficio propio y no en el sentido total personal, sino de ese ente supremo, amorfo, razón de la política.
La diplomática es el objetivo de un grupo que la quiere hacer escalar un peldaño bastante alto, pero que antes debe saber de qué está hecha.
El laberinto es colosal. Es una partida de ajedrez múltiple, es la carpa del titiritero desde dentro, no de lo que los mortales pudiésemos ver desde las gradas mientras el dueño del acto circense cambia el guión según le conviene.
Ella juega a saberlo, porque sabe, no porque aparenta saber, pero no sabe del todo. Y a su lado, su marido, ese sí que sabe. Curtido con el tiempo en el juego de la diplomacia, maniobra, se balancea, avanza, se agazapa, observa, da el garrazo. Le enseña sin decirle que le enseña. La deja seducir. Ella aprende.
Pierde peones, pero resguarda a su reina y rey. Es cauta y de vez en cuando lanza un anzuelo. Comienza a sentirle gusto a dirigir los hilos, a mover las marionetas, mientras la moral se desdibuja tras una sonrisa y un estrechón de manos, si es que eso vale algo aún.
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BURÓCRATA…
Se sienta, deja pasar el tiempo. Hace como que hace, deja pasar el tiempo. Sabe, puede; pocos son los que no saben y no pueden.
Se alía a los sindicatos, así se siente más protegido, esconde su displicencia con una sonrisa y amabilidad que disfrazan su desdén y desprecio por el resto de mortales.
Se siente intocable. Para él (ella) su actuar está estipulado en un contrato. Finge hacer lo que dice ese papel, y no hace nada absolutamente que no esté plasmado en ese papel.
Susurra, hace como que no ve, pero sí lo hace y suelta el veneno. Es un arma cargada a la espera de hacer daño, de quitarse de en medio a quien crea que es una piedra en el zapato.
Se agazapa y siempre está en fase de ataque. Se empodera sabiendo que muchos superiores están de paso, y su puesto nunca será tocado.
Su corrupción no es de desvío de fondos o de mala utilización de recursos. Su corrupción es de otro tipo, pero igual de dañina.
Y si alguien osa poner en duda su posición, amenaza con demandar. No le inquieta, ni le incomoda llegar a ese punto. Su actitud se multiplica, y germina por doquier.
Hizo de una oportunidad de trabajo su feudo y tiene adeptos y miles son los que replican está forma de vida. Sufre el país, porque el futuro lo está aniquilando ahora.
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