Gabriel Lepe

8 Tips para el pinta-piloteaje de las Apps de Viajes

6 de mayo del 2,026.

Regresé de Xela a las 3:40 AM, dejándome en la entrada de la Santa Fe, terminando la Hincapié. Le pedí al chófer si me podía dejar en Plaza Berlín para pedir mi viaje, pero para mala fortuna regresamos con el clutch fallando, por lo que indisponía de lograrme el favor. Con el seis por ciento de batería en el celular, pedí mi viaje, y por gran dicha un conductor a unos cientos de metros lo tomó. Llegó al minuto, y me tranquilicé por unos segundos, nomás.

“Little did I knew” es la frase que describe esta siguiente situación, pues poco sabía del nivel de Intensidad con el que me tocaría lidiar.

#1: Procurar ser la misma persona al de la foto de perfil.

No era el mismo conductor. La foto mostraba una persona con cabeza chata y calva. Este señor medio largucho tenía la gorra volteada a lo Vanilla Ice, mientras fumaba un cigarro. En los ojos se leían un par de cumbias ya bien sonadas, o sea, mirada estimulada por estimulantes. Varios, varios estimulantes.

Al tiempo de reconsiderar la situación, concluyo que era una especie de amigo o relativo cercano al conductor del perfil, el cual, como gesto de ayuda, le prestaba el carro para que hiciera sus fichas mientras tomaba un descanso.

#2: No fumar cigarro dentro del carro con las ventanas cerradas, en adición a no tener consentimiento del cliente pasajero.

La lengua le muleteaba al hablar, signo de “Heavy Cannabis Smoker”. Jamás apagó el cigarro. De hecho, al encender el siguiente preguntó: “No te molesta, ¿váa?” Tuve que dar vertical con la cabeza para comunicarle que sí, me molesta el humo de cigarro en un carro con las ventanas cerradas. Medio maleado, abrió la ventana: “Va, ¿Y con la ventana abierta?”. ¡La pelotudez en éste es jueeshte, mi Lucky! diría Obi Wan.

#3: No denotar antecedentes penales al relacionarme dentro de una conversación con data personal.

Comenzó a relatar con un acercamiento más personal, explicándome que es recién deportado de EEUU, y se encuentra actualmente en rehabilitación de opioides. Antes de ser deportado, cumplió sentencia en los sistemas penitenciarios, de los cuales generaron circunstancias que lo obligaron a involucrarse en pandillas raciales. Todo esto lo confirmó al mostrarme su tatuaje.

#4: No afirmar pertenencias o asociaciones pasadas a organizaciones criminales.

Y entonces, me muestra su tatuaje de pertenecer a una clica de las cárceles gringas. Y me cuenta también que tiene una hija pequeña, por la cual se convirtió al cristianismo.

NOTA: (3) y (4) pueden omitirse en un modo teo-social, al presentarse éstos como testimonio para su inclusión en el cristianismo. Pero la mediocridad de la narrativa de este personaje nos pinta un cuadro distinto, descrito a continuación.

#5: No ingerir bebidas alcohólicas e inferir de haberlas ingerido previo a la llegada.

Y justo al terminar de contarme su historia de conversión, sacó una cerveza (prohibida dentro de su programa de rehabilitación) de la parte inferior de la puerta de piloto, y la destapó, para tomarla y aligerar la metadona del día (autorizada dentro su programa de rehabilitación).

#6: No reproducir música sin el consentimiento (o gusto) del pasajero.

El compadrito ha compuesto música generada con programas de IA, en el que solo al ingresar cualquier palabra, el programa genera una canción de reguetón con las palabras refraseadas en una musicalidad aleatoria. ¡ZAZ! Tenemos reguetón cristiano. 

Escuché 20 minutos de su producción reguetonera-cristiana. Mi viaje es hasta Sacatepéquez, por cierto.

#7: No delegar pilotaje al pasajero tras perder la consciencia de forma momentánea, y luego presentar agresión al negar lo ocurrido.

Y subiendo por Alux en el KM 24, nuestro amigo conductor se comenzó a quedar dormido, probablemente por el cruce del alcohol y el opioide sustitutivo. Entendía la situación desde un minuto atrás, por lo que acudí a tomar el volante cuando él no respondió para tomar una vuelta en la carretera. Despertó cuando esta vuelta terminó, y retomó el volante un poco disgustado. “¡Sht, deje allí! ¡Yo sé manejar, hombre!”

Le recordé que se estaba quedando dormido, por lo que mejor insistí a realizarle conversación para que eso no sucediera otra vez. 

#8: No persistir en continuar interacción social mientras se exigen datos personales del pasajero, luego del viaje ya finalizado.

Y finalmente, luego de 1 hora de viaje (manejaba lento, probablemente por su estado etílico-narco-emocional), llegamos al destino, la entrada de mi colonia. Me preguntó si se dirigiría más adelante, por lo que dije que no era necesario; yo podía caminar a partir de allí. Me dijo que yo era “fresh y buena onda”, y me pidió mi número de celular, para que realizáramos múltiples actividades sociales lícitas e ilícitas en el futuro, como:

  • Salir a pasear con nuestras “wisas y chirices”.
  • Comprarle marihuana barata, y en caso de que yo supiera de alguien más que la consiga más barata, que lo llame.
  • Para “Caerse” cuando él pase por Sacatepéquez.

Le inventé un número, me despedí y me fui caminando, estaba un poco agotado de todo, necesitaba mis horas de sueño.

Conclusión

Llegó a rescatarme de un horario pisado, con todas mis valijas. Luego, me tocó lidiar esta faena como un Argonauta de LGP (LA. GRAN. PUTA.). Muchas cosas no estaban en orden, y se dispararon múltiples banderines. El del perfil original podría perderlo todo por una tragedia o accidente provocado por este otro compadre.

Este mensaje no va para las compañías. Me pelan el nabo tanto como realmente les pelamos todos. Si a Uber le conviene en sentido de dinero, pagaría un exterminio gustosamente, revocando el brete por siempre, mientras colocan drones en la calle con sonrisas de progreso.

No m’ijos, esto es justo para el conductor pinta forever cinco estrellas, el que pasa aplastado horas en el carro por eternas horas, palideando el tráfico junto al pasajero, recibiendo quejas mínimas que exigen atención máxima. Al que le toca aguantar cuando el cliente no tiene el efectivo, luego de concluir el viaje pedido para pagar en efectivo. Al que le toca ver como el precio del vap de Híbrida sativa se dispara a los cielos, y 4 cartuchos al mes ya no son suficientes. Y mientras tanto, sus hábitos personales no hablan más que su excelencia profesional. 

SIGAN MANTENIENDO EL PROFESIONALISMO, CUALQUIER OTRO PINTA DE LESO ESPÍRITU SE CAGA CON FACILIDAD EN VUESTRA REPUTACIÓN.

¡Gracias muchis! Sé que queremos ayudar a nuestros prójimos, pero no deleguemos a alguien que no pueda cumplir con el mínimo. ¡Pjuuute, qué projimitos!”.

 

(0 Votos)

Deja un comentario

Asegúrate de ingresar todos los campos marcados con un asterisco (*). No se permite el ingreso de HTML.

  1. Lo más comentado
  2. Tendencias

Camino de espinas

0

Por Luis Gabriel Franco

METAMORFOSIS...

0

Por Rubén Flores

Guatemala y 33,054 madres menores de eda…

En un caso, el padre tiene 81 años, la madre 17.

Por The Insider

A un mes de los 45

A un mes de los 45: diabético, soltero, sin título y con un libro de poesía | Walter González

Por Walter González

El Popeye del Gym

El Popeye del Gym: el instructor cuarentón, soltero empedernido y su ego inflado | 

Por Angel Alvarez

¿Por qué algunas personas cambian cuando…

El dinero no cambia a las personas, solo les quita la tapa del disimulo.

Por Diana Cazadora

next
prev