Eduardo Villalobos

Marduk y la doble moral (Guate dice presente)

Por considerarlos satánicos, el fraile Diego de Landa quemó innumerables textos de la cultura maya, privando a la humanidad para siempre de un legado milenario. En su ardor religioso, no dudó en torturar y ejecutar a muchos indígenas por poseer “ídolos”.

Por considerar sus ideas como blasfemas, la Inquisición procesó, encarceló e hizo abjurar públicamente a Galileo Galilei porque afirmó que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés, como se creía en su tiempo. El argumento del Santo Oficio se basó en la historia de Josué, del Viejo Testamento, en que le pide al Sol detenerse para ganar una batalla. Por ello, decían, es el Sol el que gira.

Por considerar que sus ideas eran heréticas, los calvinistas de Ginebra ataron a Miguel Servet a un madero y lo quemaron vivo. Servet fue el primer científico de occidente en describir la circulación de la sangre.

Por considerar que ofendía los valores y las buenas costumbres, un tribunal procesó en el siglo XIX a Charles Baudelaire por la publicación de su libro Las flores del mal, una de las obras capitales de la poesía universal. Al respecto, Baudelaire afirmó que quienes lo procesaron le recordaron a una prostituta amiga suya sonrojándose y tapándose la cara frente a los cuadros con desnudos del Louvre, indignada ante la exhibición de tales “indecencias”.

Por considerar blasfemos a los otros, muchos “defensores de la religión”, durante toda la historia, han insultado, torturado y matado. Las cacerías de brujas en Norteamérica y Europa, las guerras santas, los calabozos de la Inquisición son tristes ejemplos de todo ello.

Y ahora nuestros diputados, célebres por sus acciones en pro de la corrupción que genera muerte, hambre, abandono, exclusión, pobreza y tantos otros males que sí deberíamos perseguir y condenar, dedican tiempo y recursos del erario nacional para prohibir que una banda de rock pesado presente su espectáculo en Guatemala.

Sería muy lindo que les expresáramos el asco que nos produce su vocación por la censura y la muerte. Realmente se merecen un infierno lleno de monstruos y demonios como los de las portadas de los discos del más duro heavy metal. Un lugar lleno de llamas y tormento, donde debieran purgar todas sus infamias y pecados eternamente. No encuentro, ni en lo metafórico ni en lo real, castigo más justo para esta ralea de insensibles, de ignorantes y de hipócritas.

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