Cesia González

¡Nos vamos a morir!

A pesar de tener muy pocos amigos, soy una persona que valora mucho la amistad. Quizá porque encuentro en ellos la familia que siempre deseé; o porque son los maestros que nunca esperé. Incluso con la tontería más grande aprendo cosas nuevas. Tendremos nuestras discordias, claro. Pero nunca dejo de pensar en ellos como las personas más espectaculares del mundo.

Sé que existen personas quienes dicen que la amistad no existe, que no importa. Quienes defienden que la vida se trata del individualismo pues al final: todos fallan. Conozco a quienes se vanaglorian por no tener amigos; conviven conmigo. Realmente quisiera saber la razón por la cual piensan de esa manera. Me dan lástima.

En mi caso, la amistad es lo que me ayuda a levantarme por las mañanas. Por lo que sufro tanto al momento de perder un amigo. A veces, se burlan de mí por llorar una pérdida. “Usted es su única amiga” me han dicho. ¡Qué repugnante pensar de esa manera! Pero es que yo amo a mis amigos como lo enseñó Platón, sin compromisos, hablo del amor fraterno. En caso de que un amigo mío esté leyendo esto: no te comprometo a nada, pero deseo que sepas que te amo.

Te amo desde el momento en el que me hablaste por primera vez. Cuando sin conocerte físicamente me convertiste en tu confidente. Cuando con tal solo una mirada nos contamos todas nuestras penas. Cuando en mi momento más triste, me recordaste que nos faltaban risas, abrazos y besos.

Te amo cuando mencionaste mis verdades a la cara y me defendiste en la ausencia. Cuando nos peleamos al amanecer, pero al mediodía nos burlabamos de lo mismo. Cuando manejabas y -de un momento a otro- me hiciste sostener el timón del carro mientras gritaba “¡nos vamos a morir!”. Claramente nos morimos, pero morimos de risa. Contigo amigo, siempre muero de risa, de ternura, de amor.

A ti amigo te dedico este texto. Deseo que sepas que te amo y siempre será así. Hablemos mucho, poco o nada. Seamos o no tan cercanos. Porque cuando te prometí amistad, lo hice por siempre. Y quiero que sepas que, aunque algún día muera, moriré riendo y soñando con tu amistad.

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