Mi amor es un revolver: Bain Wolfkind

Death House Blues fue la primera joya de este caballero que logré escuchar y fue suficiente para engancharme con su música.

Hablar de música es algo que siempre he disfrutado, desde mis años de juventud, con los únicos dos amigos con quien podía hacerlo. Éramos el grupo de los inadaptados que escuchábamos a los grupos raros, 20 años después seguimos hablando de la misma música con ellos y al menos yo sigo escuchando grupos raros, son costumbres que se van con uno a la tumba.

Siempre he dicho que lo mejor que le puede pasar a un melómano como yo y como muchos otros, es descubrir bandas nuevas o viejas y compartirlas, pero aún mejor es encontrar un espacio en donde se pueda compartir con muchas más personas del círculo de amigos habitual.

Esa es la idea de Reducto Sónico compartir algo tan esencial como la música y sobre todo, la que tiene algo que ofrecer y que emocione. Hoy hablo de Bain Wolfkind, músico australiano al que llegué por causa de esos afortunados accidentes, cuando hurgaba en el website de una disquera llamada Not just Religious Music.

Death House Blues fue la primera joya de este caballero que logré escuchar y fue suficiente para engancharme con su música, una mezcla de blues, southern rock y slide guitars afiladas, condimentadas con una atmósfera muy noir como a mi me gustan. Sigo pensando en que hay una belleza muy particular en bandas de este tipo, oirlas es ser inmediatamente transportado a pasajes muy cinematográficos, y que no precisamente son pasajes sabor a fresa Hollywoodense, esto tiene sabor a trago, de esos que erizan la piel al ser tomados de un solo, que rematan con una sacudida en todos los huesos. Lo digo porque su disco You’re surely gonna die sabe a eso como toda su discografía. Desde sus colaboraciones anteriores con la banda de ambient industrial Der Blutharsch and The Infinite Church of the Leading Hand otra buena manera de intoxicarse.

Así que los invito a que consigan algo del material de Wolfkind, se dejen sorprender por sus discos, apaguen las luces, se sirvan el whiskey de preferencia, presionen PLAY, y contemplen desde su ventana cómo el mundo arde en llamas escuchando canciones sobre el amor, odio, y blues infernales. Brindo con ustedes.

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