Jardín

...

 

La mujer se acomoda lentamente en la vieja silla de madera que tiene frente a la pared. La habitación es pequeña y está pobremente iluminada. Al mover su cuerpo en el asiento, este cruje, y es lo único que se escucha en el silencioso cuarto. Las paredes de la habitación están cubiertas por un viejo y sucio tapiz con un patrón de dalias descoloridas por el tiempo. Ella tuerce un poco su rostro al acercarse lentamente a la pared. Nunca se ha atrevido a pegar por completo su oreja al muro. De todas maneras las puede oír. Esas voces que percibe, empiezan a contarle todos sus secretos. Cuando ellas terminan de hablarle, ella vuelve en sí. Después de unos minutos, puede sentir el intenso dolor junto a la sensación caliente de la sangre que brota de las heridas abiertas en su frente y nariz, ocasionadas por los golpes que ella misma se ha provocado contra la pared. Las viejas dalias poco a poco, van recuperando su majestuoso color rojo intenso. Pronto, esta habitación será un bello jardín para ella.

 

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