¿Pueblo chico, infierno grande?

En Guatemala todos somos la/el ex de alguien.

Uno de estos días, una compañera de trabajo y yo hablábamos de todo y nada, pero a media plática nos dimos cuenta que su tía había sido novia de mi tío. Por supuesto, nos reímos y nos preguntamos si eso nos hacía primas. Más tarde, ya desapasionadamente, me pregunté si, en cuestión de relaciones, ¿en Guatemala aplica eso de pueblo chico, infierno grande?

Siempre he dicho que el mundo de la comunicación es demasiado pequeño, especialmente en este país. Si sales (o te das) a alguien, es muy probable que la siguiente semana te lo topes en una conferencia de prensa o, peor, que tengas que pedirle que te gestione una entrevista. Hablo desde el campo que me toca, pero supongo que en todos los gremios pasa igual.

No hace falta chismear a profundidad para darse cuenta que todo el mundo conoce a todo el mundo y que todos pueden ser exes de todos. Por poner un ejemplo, un día mi amiga L. me contó que había salido con alguien de Tinder y que ese alguien conocía a mi amigo J. Me dijo a qué se dedicaba y cómo era físicamente, y todo coincidía con un hombre con quien yo acababa de tener algo.

Después de 5 segundos de pánico, L. y yo caímos en que no eran la misma persona. Pero perfectamente pudo pasar ¿saben? Porque no es como que todos andemos revelando los nombres de la gente con la que salimos.

En México, usan la palabra “chapulinear” y se refiere a “saltar” de novio en novio entre un mismo grupo de amigos. ¿Recuerdan ese viejo mandamiento de no saldrás con el/la ex de tu amigue? Pues yo no estaría tan segura de que esto se cumpla a cabalidad en estos tiempos.

La verdad es que cada quien es libre de chapulinear si quiere; es cuestión de gustos. En lo personal, nunca lo he hecho; al menos no de forma consciente. Digo, a mí se me hace hasta incómodo estar hablando con alguien del círculo de mi ex y que de repente diga palabras que él decía. ¿Te imaginas que me las dijeran en la cama?

Siempre he dicho que lo que no fue en tu año, que no te haga daño. No soy de preguntar cosas como ¿con cuántas o quiénes has salido? En parte, para que tampoco me lo pregunten a mí. Pero en todo caso, no es tan mala idea buscar a alguien fuera de nuestra profesión; hasta creo que es sano.

¿Salir con alguien de tu trabajo? Peor aún. No se dejen engañar por el bonito cuadro que nos han pintado las comedias románticas, porque rara vez sale bien. Solo vean cómo acabaron Bridget Jones y Daniel Cleaver.

Se me ocurre que el Tinder y el Bumble deberían venir con un filtro de “swipe left” automático para evitar personas de tu misma profesión. De pronto ya es tiempo que dejemos de decir eso de: solo quien hace lo mismo que yo, puede entender mis horarios. Pensándolo bien, a mí me vendría muy bien un hombre que me enseñara a usar Excel.



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