Nos sorprende y Despertar: dos poemas de Rubén Flores sobre la muerte que acecha y la vida que se entrega

...

NOS SORPRENDE…

 

Incluso desde el vientre de mamá. Incluso ahí nos tiene a tiro de estirar su brazo y tocarnos.

Humanos soberbios, eso somos. Nos sentimos intocables, dañamos, herimos, atacamos, amamos, reímos, lloramos, peleamos, odiamos, envidiamos, matamos, creamos, destruimos, a otros, a nosotros mismos.

Y ella, ahí, a tiro de estirar su brazo y tocarnos. 

Vanidoso el ser humano, engreído, insolente, pacífico, amoroso, solidario, generoso, rácano, perdedor, ganador, mediocre, austero, dadivoso, creativo, torpe, con excesos, sin ellos.

Y ella, sonríe entre dientes, y nos deja estar. Sabe que con solo estirar su brazo y tocarnos es suficiente. A veces, quizá muchas, le ayudamos, aceleramos un poco el proceso.

Cuándo y cómo son dos dudas que me hago. En qué momento de mi devenir extenderá su brazo hacia mí.

Aterroriza a muchos, y muchos prefieren guardar silencio, como si cerrando los ojos no se fuera a aparecer nunca.

No quiero, como muchos, que me falten seres queridos. Por mí, que todos estuvieran en un carrusel de felicidad eterna, sin penas ni enfermedades, sin tristezas y sin derrotas. Iluso.

La sabemos compañía desde el vientre de mamá y aún así nos sorprende con el vacío que nos crea cuando alguien se adelanta.

Ese alguien nos dolerá o duele. La congoja es tal que nos sentimos devastados, sumidos en un torbellino de dolor y drama, aún cuando sabemos que ella es y está ahí, por la eternidad, porque ella sí es infinita como el tiempo.

Ella, sí, ella es lo único seguro que tenemos en la vida, vida que no tenemos comprada.

Y llorar se vale, porque uno nunca quiere que estos decretos se cumplan y que ella extienda su brazo y nos toque o a alguien que es parte de nuestra órbita.

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DESPERTAR…

En tus ojos. En el matiz café avellanado de tu mirada.

En tus brazos, en tu alma. En la intensidad de tus besos. En la fragilidad de tu vientre, en cada pensamiento.

En tu piel tatuada con mis caricias, en tus labios frondosos y mágicos.

En tu cabello, en el resplandor de tu esencia, en la locura de tus sábanas, en la inmensidad de tu amor.

En la bondad de tu entrega, en la canción que te gusta, en la ilusión que existe en un mensaje.

En la brisa que te dibuja, en la poesía que inventas y me haces escribir.

En la extensión de tus piernas fantásticas, en el remanso de tu sueño, en tu espíritu fecundo, en tu lucha constante.

Despertar en la calma de tu espalda, lienzo perfecto para crear formas en miles de historias.

En la fuerza de tu palabra hecha caricia, en el éxtasis de tus uñas clavadas en la piel.

En el sudor compartido, en el afluente que brota de tu esencia, en el grito de desahogo de dos cuerpos eternos en un instante de la vida.

 

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