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Las madres y sus Hijos
Ni sumisas, ni felices: La farsa histórica del estofado y los barbitúricos
Un día despiertas y te das cuenta que a pesar que veas la fecha en un teléfono inteligente, e indique que es el año 2026 afuera, los medios y las redes volvieron a 1800, solo faltan que aparezcan los carruajes y las personas esclavizadas.
El cuerpo podrá estar en un siglo pero la mente de muchos no.
Que las mujeres pertenecen a su casa, a los niños y los pañales con caca, no importa que seamos más de la mitad de la población, que seamos las mujeres el sector que cada vez más se está educando y que lleva también la mitad del peso de la carga laboral que mueve a este país -de lo visible-.
“Es que antes las mujeres” y proceden a hacer la más creativa idealización de algo que no vivieron, no estudiaron y no entendieron.
Pero que sobre todo, beneficia a los varones.
Y no me malinterpreten, este no es un ensayo para maldecir a los hombres, no.
Es para entender la lógica de esta narrativa, que se ha reempaquetado para dar la ilusión de que antes las cosas si funcionaban y nos daban un futuro, pintado de colores pastel diciendo que eso si era amor y felicidad: las mujeres esperaban a su hombre con un trago en mano la izquierda y el estofado en la derecha mientras luce un impecable vestido New Look y labial rojo, el cabello arriba del hombro, siempre sonriente y agradecida de que su marido vino de trabajar, para no dejar de morir a esa pobre indefensa criatura que lo único que tiene que hacer a cambio es limpiar, lavar, sacudir, parir, criar, comprar, recoger, regar, planchar, administrar, educar, atender, no quejarse nunca, bajar la cabeza y agradecer.
Siempre agradecer.
Perdón por arruinarles el sueño jóvenes pero eso solo pasa en las películas y cuando se dio el fenómeno que todavía muchos tienen en la cabeza en los años 50, Estados Unidos estaba en su pináculo de bonanza; la cerca blanca, el carro elegante y la esposa hermosa, solo aplicaba para un grupo reducido de la sociedad: la clase media acomodada BLANCA.
Eran mujeres blancas y maridos con suficientes ingresos.
No negros, no latinos, no pobres, no yo y definitivamente no tú.
Algunos colados como siempre, pero siempre la excepción y nunca la regla.
Y hablando de las hermosas amas de casa, hay suficiente evidencia histórica de que esas perfectas damitas que se quedaban detrás de la barda blanca agitando su delicada mano enguantada, sumisas y hermosas, de que muchas, muchas, muchas de ellas eran miserables, si no, no habrían estado así de drogadas -y no hablo de aspirinitas eh, hablo de tranquilizantes, barbitúricos o anfetaminas-, ebrias y deprimidas.
Eran miserables.
El aislamiento y el encierro de la casa, la falta de redes de apoyo y el vacío de una vida reducida al trabajo doméstico tenía/tiene consecuencias en su salud física y mental.
Y no lo invento yo, hay publicaciones como “la mística de la femineidad” que hablan del tema desde hace décadas. Bety Friedan le llamó en problema que no tiene nombre.
¿Si no porque mujeres jóvenes y perfectamente sanas necesitan tales medicamentos?
Incluso hoy día si hacen una pequeña búsqueda en internet y encontrarán suficientes estudios que nos cuentan que las amas de casa son de los grupos con la autoestima más baja y altos niveles de depresión.
Y por ultimo dire…
Que no olvidemos que las mujeres latinoamericanas siempre han trabajado, siempre siempre, como amas de casa, como vendedoras de AVON, Esika o Lebel, son costureras, vendedoras de rellenitos, atoleras, vendedoras de verdura, hacen paches, tamales, pasteles por encargo, venden crema, cuidan niños ajenos, son secretarias, cuidan viejitos sin paga, ganan dinero criando pollos y vendiéndolos, cultivando mangos y limones, ofreciendo fruta en bolsa, choco bananos a quetzal, inyectando enfermos, atendiendo su tienda que tienen en la ventana de su casa, ofreciendo tostadas en las tardes, siendo dependientas de cantinas, vendiendo paca, haciendo almuerzos, haciendo queso, horneando pan, cortando pelo, pintando uñas, como secretarias, como maestras.
Y podría seguir.
Que no tengan horario, que no den factura, que no se cuente por mes, no significa que no levantaron hogares completos y lograron licenciados.
Y bueno, sorpresa, las cosas no eran mejores o más ideales antes, no había paz mundial mucho menos -de hecho en los 50 y sobre todo a principios de los 60 el mundo estuvo a punto de volar en pedacitos a pura bomba nuclear– habían muchísimos problemas y las cosas también pintaban para mal, eso no significa que los derechos que tenemos se vayan asi como si nada o que crean que lo vamos a permitir.
Y aunque se fueran y todas termináramos siendo sus sirvientas, el desastre social, político, económico, geopolítico, migratorio, ambiental, etc, seguiría pasando, probablemente empeoraría.
Pero eso sí, no lavarían sus calzoncillos.
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