Palabras y Tormenta: dos poemas sobre el fin y la entrega

...

PALABRAS…

Recordé, lo pensé y decidí irme.

Nos destruimos, poco a poco. La indiferencia se hizo gigante y nos lo cobró con intereses.

Intenté apaciguar el fuego. No todo dura para siempre. De todas maneras no te quería para siempre, no existe eso.

De tu lado, no hubo lágrimas. Eras consciente de que esta historia fue buena, pero ya no.

¿Lamentar? Uno siempre lamenta. Pero vivir es eso. Lamentar, claro, no es lo mismo que arrepentirse.

Se sentó en su silla preferida, tiró la cabeza hacia atrás. Se durmió. No quería pensar más en el asunto.

Ella se había ido cuando volvió en sí. La casa se sentía tan grande y la soledad tan pesada, pero él sabía que esa sensación ingrata pasaría como terminan de pasar las cosas buenas o malas.

Se levantó, fue al baño, se miró en un espejo que colgaba de la pared. Las ojeras le hacían un marco a sus ojos. Abrió el grifo y se lavó con insistencia el rostro para despejarse.

Así, llevaba ya tres meses. Cada día, la misma rutina. Unos días mejor, otros, peor.

Se repetía: ‘ya pasará’. Pero seguían los días y no. La memoria le jugaba una mala pasada. Lo peor, es que a su edad no era tan conveniente sentirse así.

A sus 40 se sentía cansado, fuera de sitio. Volteó la mirada y la descubrió de nuevo. Sonrieron, hicieron las pases, se enamoraron de nuevo.

El ciclo se repetía, con todo de nuevo de vuelta. 

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TORMENTA…

Se recostó sobre su vientre; entendía que era la comunión perfecta.

Se giró para ver su rostro, mientras ella le acariciaba el cabello.

La miró y le sonrió. Hizo un guiño y beso sus labios. Se levantó un poco y se acurrucó entre sus brazos y pecho.

Ella lo meció como si fuera un niño, su niño. Tenían esa conexión que hacían de cada segundo entre ellos un manifiesto de entrega total.

Desbordaban pasión sin que esta fuese solo devoción carnal. 

 

Los cuidados, las atenciones, el trato no eran una mera costumbre, eran gotitas de enamoramiento de uno hacia el otro.

Nadie lo entendía, eran animales extraños en la jungla. Eran dos locos en la posguerra, en la pospandemia, en el postodo.

Eran ellos y nada más. Disfrutaban sus vidas y su vida entrelazada. No pensaban en la tormenta, pero sabían que esta, un día iba a llegar vestida de cualquier pretexto para ponerlos a prueba.

 

 

 

 

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