Ángel Álvarez

La Diva Castro, casi tan famosa como la vero Castro.

La Diva Castro, casi tan famosa como la Vero Castro | Ángel Alvarez 

En la cuadra todos la conocen por muchos detalles: canta bonito, camina bien, actúa como si estuviera en una telenovela famosa, tiene ojos verdes-mar-azulado, melena abundante y teñida de rubio; pero lo mejor, su voz angelical. 

Todos saben que trabaja los fines de semana por la noche, nunca se levanta temprano, se asoma hasta el mediodía. Muchos la siguen, los vuelve locos, quieren su autógrafo y algunos pocos tienen su foto; a veces solo la admiran en las carteleras gigantes o en sus redes sociales. 

Es la señora que parece artista, que se viste toda brillante y siempre anda en taxi, la que trabaja en un horario diferente al de los demás, la que nunca se le ve en el mercado o en la carnicería, la que sale en pijama cuando todos llegan de estudiar. Es la que se maquilla demasiado y muchos dicen conocerla, la que enoja a las señoras en la tortillería, todas criticando sus escotes, dicen que debería de vivir en otro barrio más fino y no aquí, la que siempre anda maquillada y corriendo, la que se detiene cada dos metros para firmar posters o fotos.

Para nosotros es sólo Linda Castro, la mamá de los compañeritos de la escuela del barrio, la hija de doña Güicha. Sí, es la mamá diferente del vecindario, muy pocas ocasiones se le ve en la iglesia y muchas veces en la televisión local. “Doña Linda Castro, ¿dónde vive?”, pregunta el cartero, ansioso por entregarle su correspondencia. Más de alguien le señala la casa de donde sale bien perfumada al caer la noche, con tacones altos y cantando y jurando a todo pulmón que triunfará en grande muy pronto, mientras corre el taxi que la llevará al próximo escenario.

 

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