Imagen con fines ilustrativos. © Photo by Zak Bentley from Pexels
Juan Pablo Dardón Pereira

Historias de medianoche: Doña Lucy

"¿No me está dando carne de perro?", le dije medio en broma medio en serio a Doña Lucy, mientras echaba en un plato de duroport cinco tortillas de maíz, dos lascas de jugosa carne roja bien asada, un chorizo y una longaniza; guacamol, chirmol y un chile verde capaz de convertir el metal en gelatina y poner a bailar Thriller nuevamente a Michael Jackson.

Cortésmente esbozó una sonrisa sin despegar los ojos de las brasas y me dijo un:

"Cómo va a creer joven, jamás he dado carne de perro... ¡de gato talvez!",

y el resto de comensales rieron conmigo al ver la sagacidad de la cocinera, quien me hizo un jaque mate en picardía de calle, dote de aquellos que viven encerrados en la ciudad, afuera de las paredes, trabajando.

Sagaz, me gusta ese adjetivo y deberían de colocar una fotografía de Doña Lucy a la par de la definición de la palabra en el RAE. Vende tortillas con carne en las noches para todos aquellos que se desvelan trabajando, a la clase obrera, a los motoristas que pasan las calles como murciélagos aleatorios, a los guardias de seguridad que se aferran a la escopeta como a un tronco en este mar de violencia. Náufragos, solo miren sus caras y me darán razón.

Llega a partir de las seis de la tarde, junta el fuego, saca los baldes plásticos rebosantes de carnes raras sancochadas, harta de cebolla y a la ennegrecida reja caliente que despide un aroma sensual que se va directo a las entrañas.

 

La miro en sus trabajos, el delantal sucio de adobo, el cambio de los billetes olorosos a brasas y longaniza, el pelo recogido adentro de una gorra de la campaña de Carpio de 1990. “UCN, Carpio presidente” y puedo ver en mi memoria la cara larga y sonriente del candidato asesinado.

Las bocinas y ruidos de motores ambientan esta esquina de la Reformita, zona 12. Una pareja de recién casados cena a la par mía, están juntos pegados en las bancas, cansados de una jornada – imagino – en el banco ella y en la bodega, él. Se levantan y caminan al cuarto que alquilan a descansar y hacer el amor, que es una reafirmación de la esperanza.

Vendrán los hijos y las deudas, acaso ya no puedan comer los churrasquitos y ella cocine para él. ¿Será que sus niños conocerán a Doña Lucy? La noche transita.

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