San Pedro de Compostela

Gracias a la vida

Estos últimos meses me he dado cuenta que la gente desea tanto salir de sus casas que a nada le dice “no”. Si hay reunión, andan viendo si se hace en un restaurante; si alguien cumple años, ven cómo le organizan una fiesta sorpresa en su propia casa, o si pagan la quincena o mensualidad, ya se la van gastando en las famosas salidas de fin de semana.

Sí, estamos hartos de estar en la casa. Salir el fin de semana, aunque sea a comer un helado o una granizada, es algo que es necesario. Para la pandemia, a muchos nos costó aceptar quedarnos en casa y suprimir las salidas de paseo. Pero, ya que pasó el infortunio, el guatemalteco anda viendo cómo sale de casa.

“Es algo cultural”, dicen algunos. Tengo familiares extranjeros que se sorprenden al ver que al guatemalteco promedio le encanta estar afuera de su casa… en cualquier lado, menos en su casa. “Hasta las sirvientes y los soldados salen los domingos”, decía mi mamá cuando le alegaba a mi papá por no salir el fin de semana.

Me fui por otro lado; salir y disfrutar la vida no está mal. Lo que me doy cuenta es que volvió a las redes (si alguna vez se había ido) la costumbre de tomar la foto del viaje del día, de la comida que me voy a comer, de la ropa que me puse o de cómo me siento yo (solo yo).

Con mi pareja, decidimos dejar un tiempo las redes… después de “eliminar” (que rico se oye eso) a supuestos amigos virtuales. Y es que uno se intoxica con tanta vida alterna. No es envidia. En un principio lo pensé así. Es que a veces es mejor no estar enterado de muchas cosas.

Por ejemplo, me enteré que una persona muy cercana está de viaje por el dinero que le dejaron sus papás. Es una persona que se autodenomina “empresaria-emprendedora”, desde que se casó (si, aún así se casó) dejó el trabajo y tiene su “propia empresa”. En sus publicaciones aparece que su vida es de puro viaje. No me pregunté porqué lo veo… yo había eliminado todo sobre esa persona y aún me siguen apareciendo sus publicaciones.

¿Qué hacer al respecto? Apagar el teléfono, alejarlo de mí, sentarme a oír mi música favorita y decir: gracias por tanto. Son pequeños detalles que me animan a seguir adelante. Haciendo retrospectiva, veo que este año que está próximo a acabarse ha sido de muchas situaciones que han valido la pena.

¿Cuántas? No sé.. pero una de ellas es que me dieron un espacio acá para escribir estas líneas. Muchas gracias.

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