A veces solo necesitás drama adolescente (The O.C.)

Me reencontré con The O.C. y volví a amar a Seth Cohen. 

Uno de estos días me encontré almorzando en mi casa entre semana y viendo The O.C. Me sentí en 2005, cuando corría (literal) del colegio a mi casa para no perderme ni un minuto de este drama adolescente en Warner Channel. Luego mi cerebro asimiló que estaba en día de home office y que ahora podía poner play o pausa en HBO Max. 

Casi 20 años después, empecé a ver The O.C. sin muchas expectativas. Soy una nostálgica de la tele, pero me pasa que intento ver caricaturas o series de mi infancia y adolescencia sin poder conectarme. Uno o dos capítulos y allí queda la cosa. 

¿De qué va? Una familia rica del condado de Orange acoge en su casa a Ryan, un “chico problema”, que con su llegada desata el drama en las vidas aparentemente perfectas de todos. Ahora, lo que realmente me enganchaban eran sus personajes. 

¿Ya les he hablado de Seth Cohen? Digo, ¿cómo no amar a Seth Cohen? Le encantaban las historietas, el cine japonés, el indie rock y tenía cero habilidades sociales, que se compensaba con un gran corazón. 

Summer Roberts, el interés amoroso de Seth, era la típica chica linda que todos perciben como tonta. Eso hasta que se hace un examen de IQ y descubren que es casi una genio que no ha usado sus “habilidades” por ver televisión y leer chismes. ¿Saben que grité cuando vi esa escena? “Soy yo”. No que yo sea una genio, solo soy chismosa. 

También descubrí que MI MEJOR LÍNEA  para cuando me quiero besar con alguien en realidad se la escuché a Summer, pero esa no se las voy a decir. 

Luego están Ryan y Marissa, los favoritos de muchos y el ejemplo perfecto de una relación tóxica. La verdad es que se querían y eran buenos chicos, pero los dos tenían demasiados pedos individuales y eso rara vez lleva a algo bueno. 

Son cuatro temporadas de más o menos 25 capítulos cada una. La última, según recuerdo, tuvo pésimo rating y llevó a la cancelación de la serie. Ahora que la volví a ver pienso que tal vez no era tan mala. 

Creo que lo que echábamos de menos era el drama, aunque viéndolo desde mi perspectiva “adulta” uno aprende a apreciar la tranquilidad y anhela que los personajes finalmente tengan su “final” feliz. 

La cereza de este pastel nostálgico fue que hace unas semanas volví a mi colegio de toda la vida, para votar. Claro que recuerdo con cariño no tener más preocupaciones que llegar a mi casa a ver mi serie favorita, pero también me alegra estar de este lado de la vida. 

La adolescencia es una época en que, aunque tenés todo por delante, estás llena de incertidumbres e inseguridades, y ciertamente hay cosas por las que no quisiera volver a pasar. ¿Saben que definitivamente no me gustaría volver a vivir? La moda de principios de los 2000. ¡Estaba horrible! 

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