Eddy Roma

La película del año


El otro día recibí un meme donde se anticipa que el año 2026 sería similar a una película escrita por Stephen King, dirigida por Quentin Tarantino y musicalizada por Yoko Ono. El mismo contenido lo había visto a finales del año pasado para responder a la pregunta «¿y cómo te fue en 2025?». 

Bueno, sabemos que Stephen King es agudo observador de cierta porción de la sociedad gringa, la residente en el estado de Maine, situado en el extremo noreste de Estados Unidos y fronterizo con Canadá, a poca distancia del río San Lorenzo. No sólo dedicó sus novelas a cementerios de mascotas y a escritores atrapados en hoteles cercados por la nieve: también aludió a estudiantes, amas de casa, beisbolistas aficionados, familias afincadas en hogares rodantes, excursiones por vías abandonas del ferrocarril y concursos, como lo hizo en Stand By Me. Según nuestra suerte, nos puede tocar tal o cual versión de Stephen King.

Aparte de retratar la violencia desde distintos puntos de vista, Quentin Tarantino llegó a proponer versiones alternativas de la historia: ahí está el incendio que acaba con los principales jerarcas alemanazis en Inglorious Bastards y la oportuna intervención del doble interpretado por Brad Pitt para impedir los asesinatos cometidos por el clan Manson en Once Upon a Time in Hollywood. Pese a su palmarés, muchos optamos por cancelarle el contrato y declarar vacante el puesto de director, a ver quién se asoma con su abogado y con su agente para ofrecerle la plaza, desde que se destapó como sionista y afincó sus cuarteles en Tel Aviv, a escasos 70 kilómetros de donde los israelíes continúan la masacre contra el remanente de Gaza.

En cuanto a Yoko Ono… pues ahora la reivindican como autora de música de vanguardia y la absuelven del pecado capital de haber precipitado la separación de los Beatles (eso ya venía cocinándose de qué ratos). Pero no deja de ser espeluznante que la propongan como autora de la banda sonora del año que apenas empieza. Yo todavía me brinco las canciones de los dos discos donde compartió autoría con John Lennon. 

Mejor prefiero al Frank Zappa que compuso la invocación y danza ritual de la joven calabaza (mi traducción literal de la «Invocation and Ritual Dance of The Young Pumpkin»), para su segundo álbum con The Mothers of Invention, Absolutely Free, puesto a circular por el sello Verve en el año de gracia 1967; es más divertido.

 



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