ENTRELAZADOS…

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ENTRELAZADOS…

Descubrieron un mundo, su mundo. Miradas plenas, palabras eternas, sueños irrepetibles.

Descubrieron el fuego, la arena, el viento, la brisa. Sus rostros experimentaron cada elemento, y lo disfrutaron.

Descubrieron la risa, las lágrimas rodar por las mejillas, el frío nocturno, la calidez de una caricia.

Descubrieron sus miradas chocando con las del otro. Se estremecieron, se doblegaron en pro del otro. 

Descubrieron que sin reyes, ni reinas, ni imperios, la charla era ecuánime, vital, necesaria. 

Descubrieron que un beso, sin prisas, y sin pasado, les revitalizaba, les daba fuerza y era el motor de su mundo.

Descubrieron que entre su piel solo existía una frontera, y ellos la habían superado justo en el momento en que sus mentes podían descifrar al otro sin necesidad de más, solo con verse.

 

 

MALDAD…

Para que exista el bien, debe haber mal. Nada nuevo. Siempre debe haber una contraparte para saber que ambas existen.

Se aplica para todo. Me quiebra, por ejemplo, ver a esos peluditos de cuatro patas que han sido abandonados por gente mala, y que con el pasar del tiempo sufren cualquier tipo de contrariedad.

No es solo el hambre, que ya es decir mucho, pues sin voz para pedir comida son rechazados por gente indiferente, o apaleados para que se vayan del lugar.

Son víctimas de abusivos que los patean, arrollan o dañan con saña y sin remordimiento alguno.

Con hambre, frío, sin protección alguna, se enferman y se deterioran al punto de colapsar.

Aquí entran aquellos que los ven, les tienen amor y los ayudan. El rescate va desde darles alimento, pasando por llevarlos al veterinario para intentar rescatarlos de su miseria.

Algunos lo logran y en un momento determinado logran un hogar donde les dan amor y cuidados.

Otros pierden la batalla. Rompe el alma.

¿Por qué ellos? Si hay tanto humano en esas mismas circunstancias. El hombre, como especie, tiene manos, boca, voz y palabra para pedir, cuidarse y trabajar. 

Los peluditos, no. Están a expensas del humano, de la protección y de los cuidados. Ellos son algo más que mascotas, son amor y apoyo. Merecen un hogar, una oportunidad. Son bondad y lealtad en su máxima expresión. 

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