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Un abogado muerto en una pollería y el precio del silencio
La sangre en las manos del alcalde.
LO MANDASTE A MATAR…
Sí, te estaba empezando a descubrir muchas cositas oscuras, trances, que sos ese flamante alcalde, joven, con espíritu, según tu campaña, transformador, visionario, que era solo pantomima.
Sí, te estaba comenzando a encontrar tratos nefastos, corruptos, que incluían vender al mejor postor por, dizque desarrollo, por ejemplo, algunas colinas y montañas para llenar de cemento lo que debería ser un pulmón ambiental del lugar por el te votaron hace tres años.
Sí, te estaba empezando a hallar hechos para ponerte en la mira de la gente, aunque lo que hacés es un secreto a voces, pero él tenía pruebas.
Sí, y por eso debías callarlo, en especial, porque sería un rival difícil en las próximas elecciones.
Entonces hiciste lo que los cobardes y mediocres hacen.
Entonces hiciste lo que según vos era necesario para no poner en peligro tu reelección.
Entonces hiciste que lo silenciaran. Le armaste la trampa perfecta.
Lo citaste para un trabajo, porque cabe decir que él no era un político, sino un profesional del derecho, demasiado derecho.
Lo embaucaste, lo convocaste a una reunión en un restaurante de venta de pollo frito. Tenías gente dentro para corroborar que se cumpliera tu orden y tenías un par de grasientos, mugrientos, asquerosos, malditos, basuras, sicarios en moto esperándolo en el parqueo del lugar.
Él pecó de ingenuo porque sabiendo lo que estaba descubriendo llegó sin una sospecha siquiera que el flamante alcalde quería su cabeza.
Vieron el carro. Ya sabían que era el de su víctima. Pero debían esperar que abriera y mostrara su rostro para no equivocarse.
Unos segundos después, varios disparos silenciaron al rival incómodo.
Sí, sabías que podías caer con las pruebas que tenía en su poder. Y pediste, diste el mandato y enviaste a tus achichincles a callarlo, porque vos, cobarde como ninguno, no tuviste los huevos para mirarlo de frente y disparar.
Porque vos, con lo pusilánime que sos, no tuviste las agallas ni los argumentos para frentearlo y desmentir lo que él pudiera tener en tu contra, porque sabías que no tenías cómo negar nada.
A cuántos más les vas a hacer lo mismo. Ojalá la vida te lo cobre, donde más te duela. Que la justicia te caiga y no podás comprar jueces ni sentencias a tu favor.
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SATURACIÓN…
Te cuelas por todos los rincones. Invades cada espacio, cada centímetro, idea o sensación.
Te cuelas como las sombras en el ocaso.
Llenas, colmas, haces tuyo todo.
Tu imagen se posa en la mente, en la piel, y se jacta.
Diosa. Mi diosa. Mi musa.
Formas mil formas en mi ser. Tus dedos son un ejército de hormiguitas que me hacen tambalear.
Tus labios, besos y provocaciones son mi manjar preferido.
Acaricio tu cabello, erizo cada parte de ti. Te pienso, siento y añoro.
Tus piernas, autopistas de mil emociones. Los dedos de tus pies, un pretexto para soñarte.
Te sueño. Me invades.
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