Charlize cumple con la acción en Apex

Apex no engaña. Promete una experiencia física, directa, sin demasiadas capas, y eso es exactamente lo que entrega. Charlize Theron sostiene la película casi en solitario. A sus 50+, sigue siendo creíble en cada golpe, en cada salto, en cada decisión física que exige el personaje. 

Sasha, su personaje, no necesita demasiadas explicaciones: es una mujer curtida, atravesando un duelo, enfrentándose a un entorno que no perdona, no le va pedir permiso a nadie. Y ahí es donde la película encuentra su mejor versión. No en el drama, sino en lo corporal. Todo lo que pasa por el cuerpo de Theron se siente real, las escenas de riesgo parecen hechas por ella.

La película entiende eso y se apoya en esa credibilidad. No hay exceso de pantalla verde, no hay sensación de artificio constante. Hay esfuerzo físico, desgaste, contacto con la naturaleza. Australia no es solo escenario, es un tercer personaje que no negocia. No es un enemigo en sí mismo, pero tampoco da tregua. Y esa tensión constante eleva lo que, en papel, es una historia bastante simple.

En acción, no filosofía

El guion no tiene profundidad y no la necesita. Es predecible desde el inicio y funciona por ello. No importa cuánto intente construir tensión, el espectador ya sabe hacia dónde va. Taron Egerton como antagonista cumple, pero su personaje está limitado desde su concepción. No hay sorpresa real. No hay evolución. Es una amenaza funcional, nada más. Y eso es un desperdicio, porque Egerton tiene rango para mucho más. Hay una escena en particular donde el antagonista se prepara antes de atacar que destaca por encima del resto. No por lo que cuenta, sino por cómo lo hace. Ahí la película se detiene lo suficiente para construir algo de atmósfera, algo que escasea en el resto del metraje.

Algo similar ocurre con Eric Bana. Su presencia es correcta, incluso aporta en los momentos que le corresponden, pero queda claro que es un papel menor. Funcional pero no Memorable. Y eso refuerza una sensación general: la película reduce a sus secundarios a piezas de apoyo para que Theron brille sin competencia.

Ahí aparece un elemento más discutible. La construcción de los personajes masculinos es limitada. No hay matices. O son una amenaza o son irrelevantes. No es un discurso desarrollado, es más bien un trazo grueso que se repite a lo largo de la película, y en otras cintas recientes de Theron, el hombre si no es inútil es una amenaza y el “bueno” está muerto. No arruina la experiencia, pero tampoco suma. Está ahí, evidente, sin mayor elaboración.

Aun así, la película se disfruta 

Tiene ritmo, tiene momentos de tensión bien ejecutados y, sobre todo, tiene una protagonista que se cree todo lo que hace. Eso, en este tipo de cine, es suficiente para sostener la experiencia. Es una película de domingo, sin pretensiones, que cumple su función. Sabés el final, pero querés ver cómo llegan ahí, a Charlize se le cree todo.

Pero más allá de eso, Apex es lo que esperás. No busca incomodar, no busca profundizar, no busca reinventar nada, es entretenimiento de acción directo, bien ejecutado, sostenido por una actriz que sigue demostrando que el género le queda cómodo.

 

 

 

 

 

 

 

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