Ana María del Pilar Asencio Bustamante

Obsesión: un paseo entre la anorexia y la bulimia

Desde muy pequeña buscaban su perfección. Lucía con tan solo 8 años era una niña brillante y el orgullo de sus padres. Desde siempre fue muy aplicada, toda una artista, muy dulce y sociable. Casi perfecta... todos comentaban:

“un poco pasada de peso”.

Con el pasar de los años comenzó a ver esa parte de sí misma que todos le resaltaban. Se descubrió y automáticamente opacó aquella niña de 8 años a la que le brillaban tanto los ojos. Lucía aprendió a odiar su cuerpo. No veía nada bueno en ella. Su sufrimiento era personal y nadie lo notaba. El 16 de noviembre de 2018, con 19 años, se propuso darle un giro a su vida.

Desde entonces se vio cada vez más delgada.

No paraba de recibir elogios por su cambio, los chicos la veían y sus padres ya no le prohibían qué comer. El acoso escolar era menos y los comentarios desaparecían. Todo lo que había soñado antes estaba sucediendo. Ella solo quería ser aceptada.

Su meta de reducir medidas iba bien hasta que se convirtió en una obsesión.

El 18 de enero de 2019, Lucía no bajó a almorzar ni dio respuesta a los llamados de sus padres. La preocupación los invadió y decidieron subir a ver qué pasaba. El baño se encontraba con llave y en total silencio. Su padre decidió forzar la cerradura y entrar a ver.

En ese momento se hizo pedazos y se ahogó en llanto. Lucía víctima de ella misma y sus decisiones, estaba en el suelo llena de vómito sin mostrar ninguna reacción. Esto impactó a sus padres y decidieron pedir ayuda. Al poco tiempo llegaron los paramédicos. El llanto de su madre era tan fuerte que no le permitía ver el daño que le había causado a su hija desde muy pequeña.

Horas después Lucía se encontraba hospitalizada. Sufrió una deshidratación debida a la pérdida de líquidos corporales. Esto era resultado de los trastornos “Bulimia” y “Anorexia”. Nadie encontraba respuesta a los problemas tan graves de Lucía, nadie conocía lo que aquella joven había sufrido durante los últimos años.

La madre regresó a casa por ropa y con mucha tristeza llora en la habitación de su hija. Sentada en la cama, recogió un cuaderno en donde Lucía escribía y pegaba fotos en la que contaba lo que le sucedía. Toda una parte de la historia que su madre no conocía, pero de la cual si era una de las protagonistas. Esto le abrió el corazón y decidió cambiar.

Aquella tarde Lucía dio un giro de 180 grados. Su recuperación pasó de grave a estable. La vida le dio una segunda oportunidad. Nunca creyó estar al borde de la muerte. No de esa forma. Pero gracias a esa lección el perdón llegó a su vida y a su corazón. Su entorno familiar nunca volvió a ser el mismo, el amor y trato de su familia tampoco.

Lo más importante: se perdonó a ella misma y decidió darse el amor que tanto merecía. Aprendió a vivir por ella y no por los comentarios de los demás. Logró entender que nada valía más que su propia vida.

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