Distancia & Rebeldía: dos poemas de Rubén Flores | Del Fuego Íntimo al Mago del Balón

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DISTANCIA…

Tu fuego me inunda, arrasa con los pastos de mi piel que te pide a gritos.

Tu aroma se posa sobre mi esencia como neblina en la cima de una colina, y yo, sediento del perfume que emana de ti, brebaje que hipnotiza y hace arrancarme la ropa para que tus uñas, desenfrenadas, me tatúen.

Tu respiración acelerada, cautiva de cada imagen que tienes en posesión, se replica en el sur de tu ser. Pálpitos que engendran un torrente maravilloso, lava casi cristalina, ardiente, señal del viaje mágico que emprendes con las mil caricias de mis manos, mis dedos, mi boca.

Tus pies apresados por mis manos, mi cara perdida en el ángulo perfecto de tus piernas, y tus labios crispados, mientras tus ojos se cierran casi sin ningún control.

Mensajes sin palabras que me transmiten el éxodo incontenible de gemidos. Me vuelves loco, te enloquezco. 

Las calles, dos habitaciones en ciudades distantes, piel con piel. Tus ojos en los míos, mis labios en los tuyos sin espacios, una amalgama de formas, movimientos, frenesí y pasión. 

Tan uno del otro, tan ajenos, tan pegados. Alimento y agua, brisa y lluvia, dos que forman uno. Sin distancia, solo un océano de por medio. 

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REBELDÍA…

Escapan del molde. Tejedores de fantasía, magos sin sombrero de copa. 

Surgen, siempre surgen, aunque ahora no sean el epicentro de todo lo que se crea. 

Se les reconocía por una cifra en común, eran las arañas desde donde emanaba la tela para articular, distribuir e ir en avanzada.

Un toque por acá, otro por allá. Visión, clase, inteligencia. La varita mágica, sus pies. Casi siempre, zurdos, al menos la mayoría.

Bajo perfil siempre, pero imposible no reconocerlos. Uno, dos, tres pasos, mirada al frente, cerebro a mil dando indicaciones a sus piernas y pies. 

Certeros el 99.99% de las veces, claro, nadie es infalible. Y si fallan, la multitud les recrimina igual que al resto de mortales, pero con más cariño.

Les aplauden todos, bueno, casi todos. Siempre hay inconformes y feligreses de otro igual, pero con distintos colores.

Y en esa diversidad crece la constelación de magos de pantaloncillos cortos, tacos en sus botines, medias y espinilleras. Las nuevas deidades, con teoría y filosofía propias, con creyentes e incrédulos.

El 10, ese que está en peligro de extinción, que por obra y decisión de los directores de orquesta, van cediendo su espacio a prototipos de máquinas que van y vienen, defienden y atacan.

Lo suyo no es eso. Lo suyo es crear y disparar poesía dentro de una pelota. Pocos no lo entenderán, pero ese personaje de caricatura heroica aparece en sitios inesperados, desfavorecidos, olvidados, y que tienen su revancha cuando ese tipo fantástico pule su esencia y nos regala la ilusión en un campo de futbol.

 

 

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