TRISTEZA...

...

IRREVERENCIA...

Volteas y te das cuenta que te veo. Me lanzas una mirada de emoción. Dibujas una sonrisa y me encantas.

Tu pelo negro ondulado cubre tu cuello y de pronto, tus hombros. Escribes algo, estás muy concentrada en tus asuntos. Sigo viéndote. 

Retomo lo mío y minutos después vuelvo a lanzar una mirada hacia donde estás. Tu voz me encanta, tiene una dulzura con sabor a arroz en leche.

Te levantas, caminas, hablas y pasas cerca. Muevo la cabeza y te lanzó una mirada. Sonríes. Sé que te gustó.

Regresas y ves por encima de la pantalla que uso para ver si te veo. Y sí, te veo. Es un cometa entre los dos. Te detienes y me hablas. Te escucho pero siento que me pierdo más en todo lo que tienes, aunque tu voz me enloquezca.

Y lo hago. Telegrafío un beso que cruza el espacio que nos separa y llega a tus labios. Te sonrojas. Me siento dueño del mundo.

 

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TRISTEZA...

Te sientes sola, con la melancolía a cuestas, con esas penas que te acompañan día y noche. Penas que no son tuyas del todo, pero que igual llevas.

Tu cuerpo, dolido, golpeado por las enfermedades se resiente. Tus dedos, tus manos, tu esencia piden una tregua.

Solo puedo escucharte, impotente al no poder hacer mucho por ti. Te abrazo. Como si con ese abrazo lograra algo. 

Tan intensa, quisiera que la vida te hubiera favorecido. Que tu felicidad fuera plena. 

Esa cruz se multiplica y pesa cada vez más. Se nota. Y tu intentas esbozar una sonrisa y seguir caminando. Hasta donde las fuerzas te permitan. 

Y yo, apenas un espectador sin mucha incidencia, te vuelvo a abrazar y te aprieto contra mí, para que esa soledad no sea tan inclemente ni voraz. Que te suelte un momento y que esas cruces por un ratito no las lleves más.

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