- Blog
- Publicado
- ¡Sé el primero en comentar!
- 2 a 3 min. de lectura
- Leído 200 veces
Sin pisto y un par de libros talegueados
El arte de fracasar joven y por qué la derrota es tu única salida
Llevo dos meses con la cuenta de banco convertida en un cráter, sin un solo quetzal a mi nombre, y sinceramente, ya ni siquiera tengo la energía para escupirle al corporativismo o a las expectativas de los adultos. Me cansé de esa pelea y de intentar convencer a los cabecillas de que merezco un asiento en su mesa. Hoy, mientras miro el saldo en ceros y siento el peso de los veintes respirándome en la nuca, me doy cuenta de que mi salvación no está en encajar, sino en la trinchera que construyeron Arturo Belano y Ulises Lima. A estas alturas, sin plata y monumentalmente perdido, me declaro abiertamente parte del real visceralismo. Me asumo en esa cofradía de poetas a la deriva porque sentir esa cercanía íntima con su desastre es, literalmente, lo único que me mantiene vivo.
Para mí, la juventud dejó de ser esa carrera ansiosa por acumular méritos o perseguir el maldito "Golden Boy". La juventud se convirtió exactamente en lo que respiran las páginas de Roberto Bolaño: una urgencia desordenada, una fiebre que no se apaga con nada. Es pasarme las madrugadas en vela, devorando un libro con los ojos inyectados en sangre, enganchándome a una antología poética con tanta obsesión que me niego a soltarla incluso para meterme a bañar. Y si el resultado es una pila de libros mojados, con las páginas onduladas, hinchadas e inservibles sobre el tocador, que así sea. Esa ruina de papel húmedo es el testimonio físico de que, en medio de la precariedad más absoluta, acabo de atravesar el mejor momento de mi existencia.
Ser un detective salvaje en esta época es aceptar el naufragio sin pedirle disculpas a nadie. Es entender que la vida a esta edad consiste en arrastrar los pies por las calles heladas de Xela a medianoche, o viajar apretado en bus porque: “En el fondo caben 8, chavo colabora porfa”. Y no importa la humillación ni el dolor. De hecho, a veces es estrictamente necesario que la tragedia se consume frente a ti; es necesario que a los amigos que amaste te escupan en tu propia cara, a plena luz, para que por fin la realidad te atraviese las costillas, te arranque la ceguera y entiendas el maldito mensaje. Ese dolor crudo, sin filtros ni consuelos baratos, es el peaje ineludible que se paga por sentir la vida golpeándote el pecho.
Me declaro visceralista porque me niego a que esta edad sea solo un trámite burocrático hacia esa vejez pacífica y sin deseos de la que hablaba Platón. No quiero la serenidad de los que ya se rindieron. Prefiero esta incertidumbre asfixiante, el vacío en los bolsillos y la cabeza ardiendo de ideas que no sirven para facturar, pero que me incendian por dentro. Mientras los demás exigen que nos convirtamos en réplicas exactas de lo que la sociedad considera "exitoso", yo encuentro mi oxígeno en esta derrota voluntaria.
No es un capricho estético, es un puro instinto de supervivencia. Es la única forma honesta de ser un chavo sin pisto, desorientado, pero que camina con la certeza absoluta de que el caos, la literatura y la intensidad de estar irremediablemente roto son las únicas cosas que verdaderamente le pertenecen.
- #PeriodismoGonzo
- #CulturaLaboral
- #JuventudRota
- #LiteraturaCruda
- #CrisisDeLos20
- #DesarrolloProfesional (Irónicamente)
- #RealVisceralismo
- #SobrevivirSinDinero
- #PeriodismoGonzo
- #RealVisceralismo
- #JuventudRota
- #VidaSinDinero
- #Xela
- #ContraElSistema






