- Ciudad Bizarra
- Publicado
- ¡Sé el primero en comentar!
- 2 a 4 min. de lectura
- Leído 150 veces
A un mes de los 45
Estoy, cabal, a un mes de cumplir 45 años. Llego diabético, soltero, sin haber terminado la U y con un libro de poesía publicado. Ahí es donde estoy. Dicho así, podría sonar a inventario de pendientes, pero no lo siento de ese modo. A esta altura, las satisfacciones también cuentan, y cuentan distinto: son más pequeñas, más concretas, pero también más ciertas. Son chileras.
Tengo el azúcar bajo control, a pesar de los naufragios por esas lagunas de agüita amarga que no han sido pocas. El slam —ese proyecto al que le he dado un tercio de mi vida— sigue ahí, como una de las cosas que más me han sostenido. Y hay una satisfacción que pesa más que muchas juntas: estoy estudiando, al fin, la carrera que quería.
También está por salir mi último libro de poesía. Decir “el último” no se siente trágico, sino liberador. Como un suspiro que llevaba rato buscando salida. Lo que tenía que decir en ese registro ya estuvo. Y si algo más viene, será por otro lado: ensayos, cuentos, o poemas sueltos, pero sin la necesidad de volver a armar otro libro.
Llegar a los 45 significa, para mí, dos cosas. La primera: probablemente ya viví la mayor parte de mi vida. No lo digo con drama, sino con una honestidad medio seca; dudo tener la salud y las ganas para echarme otra vuelta igual de larga. Como dijo Gardel, "Sentir, que es un soplo la vida, que veinte años no es nada..."
Y, sin embargo, hay algo que no cambia: sigo sin entender del todo qué hago aquí dentro. Uno pensaría que después de 45 años habitando este armatoste ya debería tener alguna claridad, pero no. Todavía no sé. Ni eso, ni qué hacer con este vergo de emociones y deseos que empujan como si supieran algo que yo no. Esta carne en la que vivo parece guardar información que no me dice.
Sí me arrepiento de algunas cosas que hice y que no hice. Y si tuviera que nombrar a las responsables, diría que han sido dos: la ignorancia y la imaginación. La ignorancia que no sabía. La imaginación que creía saber demasiado. Con el tiempo uno aprende, claro, pero ese aprendizaje llega tarde, cuando ya no sirve para corregir nada.
O tal vez sí sirve, pero de otra forma. Porque aligera el presente. Saber que la cagaste y que, más adelante, también “vas a saber”, aunque ya no importe, tiene un efecto raro: te quita peso.
Tal vez por eso escribí la columna de la semana pasada. Porque veo al yo de hace 20 años y me cae mal.
Hoy, en cambio, quiero al niño que hacía collages sin saber qué estaba haciendo. No le quedaban bien, pero les metía ganas. Quiero echarme una cerveza y aguantarle el humo de cigarro al chavo que está bien bolo, llorando en una cantina en el sótano del edificio El Centro. Llora porque vio los restos de una persona atropellada desde la ventana del bus; la impresión fue tan grande que ni se dio cuenta de que lo asaltaron. Quiero acompañar al hombre que estaba emputadísimo por sentirse ninguneado y que, desde esa cólera, encontró la “inspiración” para iniciar un concurso de poesía.
Quiero pedirle perdón al anciano que no sé si va a llegar.
Y también quiero quedarme con el tipo odioso. El que ya no se impresiona fácil. El que dice que no. El que ya no quiere escribir otro libro de poemas.
Porque en ese “no” también hay algo que cuida. Algo que, por fin, empieza a escoger.
- #UnMesDeLos45
- #WalterGonzalez
- #BalanceNoTriunfal
- #DiabéticoSolteroSinTítulo
- #SlamPoetry
- #ÚltimoLibro
- #SonChileras
- #ElNoQueCuida
- #IgnoranciaEImaginación
- #AutopsiaGeneracional
- #literatura
- #Poesía
- #Memoria
- #WalterGonzalez
- #45años
- #gonzo