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El simulacro del adiós: por qué la nostalgia es la peor de tus deudas pendientes

El simulacro del adiós: por qué la nostalgia es la peor de tus deudas pendientes

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FRACTURA…

 Su mirada quedó petrificada. La peor noticia llegó como un rayo que cae en una ciudad poblada y causa un impacto letal.

Sus piernas flaquearon. Su rostro palideció y sus manos sudorosas describían, aún más, esa sensación de impotencia y descalabro interno.

Veía sin ver. Hablaba sin sentido y sus labios temblaban cuando callaba.

Comenzó un viaje en un enorme carrusel que giraba demasiado rápido. Luego todo oscureció. 

Se despertó como mil horas después. Nadie alrededor. Estaba en un sitio desconocido. Lúgubre. 

Quiso gritar, pedir auxilio. Imposible. No podía moverse. No sentía su cuerpo. Flotaba y veía todo como uno mira la TV. Un programa cualquiera, pero en el que había un protagonista inerte y ese personaje era quien estaba del otro lado de la pantalla.

De pronto sintió flotar. Recordaba libros leídos, películas vistas, emociones experimentadas, labios, cuerpos y caricias suyos en distintos momentos.

Necesitó unos minutos. Se reincorporó. Volvió a verse. Sí, era él. Pero se sentía liviano. Sin penas, dolor o angustia. 

Sonrió. Era hora de marcharse. Eso lo hizo feliz. Esta vez no llevaba maletas, solo él y nada más.

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UN ABRAZO MÁS…

Hay ausencias que pesan, que resquebrajan la esencia y esa coraza que todos tejemos con el tiempo.

Ausencias convertidas en vacíos físicos y emocionales, en soledades que agrietan el ser, en océanos de tormentos internos.

Seres queridos o amados que no volverán, tal como lo haremos nosotros, un día de tantos. Solo el tiempo sobrevive al tiempo.

Cuando se acaba, no quedan creencias, amores, desprecios, enfermedades, temores. 

Uno se va y quienes se quedan experimentan ese adiós eterno, sin retorno. Se ven inmersos en una soledad que es única, que no es igual en nadie.

Esa sensación de estar trepado en una cuerda, caminando sobre ella, a mil metros de altura, guardando el equilibrio se acentúa.

Muchos años después, si bien de la herida queda solo la cicatriz, surge la nostalgia, el deseo, quizá la insensatez, de añorar un abrazo más de quien ya no está.

Última modificación Miércoles, 03 Junio 2026 22:13
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