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Empacar la podredumbre propia y dormir con el fantasma de un amante
...
LA MALETA….
Llevaba cinco mudadas. Camisas, pantalones para cada una, otro par de zapatos, ropa interior, calcetines para cada ocasión.
Pero eso apenas era menos de la mitad del espacio disponible y no pesaba demasiado.
Suspiró. Vio hacia algún lado sin fijarse en nada en particular. Se sentó un momento sobre la cama de la habitación rentada y de la cual deseaba marcharse.
Habló para él. Masticó muchas ideas, frunció el ceño. Cerró los ojos, se lanzó hacia atrás para descansar un momento y retomar fuerzas. Extendió los brazos, estiró la espalda. Estaba tenso.
Abrió los ojos, vio hacia el techo del cuarto. Parpadeó, volvió a suspirar. Volteó hacia la izquierda y miró la ventana. El vidrio dejaba ver la claridad, pero no permitía apreciar más que las sombras del otro lado.
Rondaban las 12 del mediodía, tiempo pactado para dejar ese espacio de hotel. Se levantó y por fin decidió completar su valija.
Los brazos parecían dos troncos enormes que es imposible mover. Sus acciones eran a cuentagotas. Dejate de babosadas se dijo.
Tristeza, soledad, pesimismo, baja autoestima, ansiedad, desamor, fracasos, rencores, desaciertos. Acomodó todo en la maleta y se marchó.
Los roditos rechinaban y él caminaba a marcha forzada. Arrastraba los pasos. La maleta parecía ser parte suya, era una extensión de su vida, de su ser.
0-0-0
NECESIDAD…
La chimenea falsa le daba un calorcito cómodo, en especial en noches como esa, fría, con viento, sin compañía.
Un ponchito para cubrir sus pies, que dejaba, a propósito, sin esconder las uñas, recién hechas y se sentía sexi.
Pensó en su hombre, ese que hacía meses que ya no lo era. Disfrutaba recordar la intensidad que creaban, alimentaban y vivían.
Era un tobogán que la revolucionaba. Recreaba en las sombras las manos que la dibujaban como nadie más lo hacía, las siluetas que en las paredes replicaban sus ansias.
Soltó un suspiro, cerró los ojos y se quedó dormida.
Su necesidad la saciaría en sus sueños. Era suya y nadie más debía ser partícipe de ese desenfreno.
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