- Ciudad Bizarra
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El Teco
Recién me enteré de la muerte de un gran amigo. Conocí su obra desde mi juventud, y ahora con mis 47 años recuerdo que cuando pude fui a sus muestras. Sus exposiciones en El Túnel, en el Fulu, en el Museo de Arte Moderno, y aunque siempre lo saludé, aún no éramos cercanos. Ahora me preguntan por cómo me hice tan amigo del Teco, aunque para mí era el Master. Incluso los amigos con los que crecí, y a quienes se los presenté, lo llamaron igual. Pero no siempre fue así.
Contaré sobre cómo me hice tan amigo del Teco. Entonces, yo tenía una novia, pero la relación terminó sin señales previas. ¿La causa? sólo ella sabrá, porque no me dio explicaciones. Obviamente la noticia me afectó mucho y me sentí muy mal. Fueron días muy oscuros para mí. La miraba, entonces sé que en ese momento la amaba… y no estar juntos… el no ser correspondido hacía que me sintiera en la mierda.
Al mes, uno de mis hermanos llevó a la casa el cuadro El quijote triste, lo había exigido de garantía por un préstamo que le había pedido el dueño de la pintura. Ver la obra colgada en la pared de la sala de mi casa… y yo al ver el cuadro… el quijote, sentado sobre unas piedras, con la mirada enterrada en el horizonte, no hice más que reconocerme. Vi mi reflejo. El Quijote mostraba al espectador como yo me sentía por dentro.
Yo quería ese cuadro y entonces comencé a buscar al Teco, frecuenté los lugares en los que se mantenía porque necesitaba hablar con él, pero entonces ya no lo hallaba. Hasta que un día, yo caminaba en la 7a avenida, frente a correos, y entonces lo vi en su Mercedes verde, él esperaba el cambio del semáforo y fue que me escuchó:
“Maestro necesito hablar con usted”.
–Aaaah ¿y de qué?,
Del Quijote triste.
– ¡Puta! ¿Y ese cuál es?
Es uno que pintó. que tiene la cara triste y está sentado en unas piedras.
–¡Puta, no me acuerdo!
Se lo quiero comprar, dígame cuánto, y yo le pago, hágame otro.
–¿Y tenés la foto porque tengo un chingo de quijotes?
–¿Cómo le hacemos?--
Ándate al Fulu, me dijo, yo voy a comer allí.
Hablamos lo que nos alcanzó un semáforo en rojo. Al llegar, le conté quién era, de la relación fallida y que estaba hecho mierda.
–¡Mandela a la mierda, si hay otras!-.
¡Claro que quiero mandarla a la mierda!, pero mi corazón dice que quiero regresar con ella.
Le conté mi historia de cómo la conocí y cómo terminó, de esa cuenta dije que me sentía como el Quijote triste que estaba en el cuadro. Entonces me preguntó por mi profesión. Le conté que era abogado y notario.
–¡Puta vos, sos Aboganster!, así dicen le repliqué en broma.
–Hagamos algo, necesito resolver un mi clavo. Entonces hagamos trueque.
Respondí que sí.
Fue entonces que comencé a trabajar con él, por ese y otros asuntos legales. Al momento de terminar el trabajo, me dio el cuadro. Pero no el Quijote Triste, y me dijo: “No hay que estar triste por el amor, por eso te doy el Quijote de corazón”. Me entregó uno con el corazón rojo, un corazón vivo que sale del pecho. La pieza la tengo colgada en mi sala.
Desde ese momento, me volví su amigo.
Hoy me entero que murió a sus 82 años, ¡puta, que de ahuevo era echarse un par de tragos con él! Pláticas de cómo rescató a las hijas del Bolo Flores con la ayuda del Gordo Willi en la época del Conflicto Armado, no recuerdo el año ni dónde sucedieron los hechos, quizás a los inicio de los ochenta.
O la vez que lo estaba persiguiendo la judicial donde ahora es el Trovajazz, contaba que se tiró de una terraza de tres niveles y cayó en el patio de la casa de al lado, y se escondió debajo de la pila de la casa. Luego salió para esconderse en una reposadera. Seguido, al ver que no había policías cerca, salió del tragante y se subió a una de sus motos para huir. Esa historia es buena. O la vez que comió hongos y le habló una piedra, buenísimas… Realmente fueron muchas.
¡Aaaaaaaaaaah ese Master… buena onda!, se le va a extrañar, o como dijo el gabo el Cazador de Gorilas….
“Master que le vaya bien. Lo vamos a extrañar…”