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¿A quién se puede admirar?
Estatuas de nadie: "quiero ser un monumento".
Podemos definir monumento como todo aquello que recuerda a alguien. Estos suelen hacerse para depositar en ellos el imaginario colectivo que se construye, con la idea que sostengan en el tiempo la transmisión de nociones relevantes del pasado y/o para distinguir un periodo histórico de otro (como un cambio de monarquía). Y así algo inerte construido talvez en piedra y ladrillo adquiere valor simbólico en el relato de una nación.
Se construyen para recordar batallas, revoluciones, personas interesantes, héroes ilustres, políticos exitosos (no necesariamente buenos) e incluso monumentos al ego de una persona, ¿alguien se acuerda de los templos de Minerva y las minervalias? Pues eso.
Si nos ponemos observadores e investigamos un poco las ciudades y los pueblos están llenas de gente que no quería ser olvidada, columnas, estatuas, placas y glorietas, que no necesariamente han pasado la prueba del tiempo, se han ido desnombrando, renombrando, mutilando y demoliendo.
En este país el olvido no perdona nada, ni a nadie.
Aquí el olvido es la constante.
No escribo esto con ningún afán sentimental, personalmente encuentro poco atractivos a la mayoría de los representados y lo representado en los monumentos, talvez uno que otro literato se salva de mi desdén pero en cuanto a los llamados próceres y demás políticos de revoluciones fingidas,- pues decirle revolución al movimiento de justo Rufino Barrios a mi parecer deshonra la palabra-.
Y aquí pasa algo, porque para que el monumento cumpla su función etimológica, se tiene que mantener el relato a lo largo del tiempo, es decir se tiene que educar, enseñar y reforzar el conocimiento de lo que significa ese monumento a través de instituciones, como la escuela, incluso, la forma misma en la que se conmemoran y celebran tiene que ser enseñadas, si no el trato histórico se rompe y el monumento pierde su función principal.
Que es que la gente sepa lo que representa.
Y eso creo que es lo que sucede aquí, como dijo Sandra: la ignorancia es la riqueza de nuestro pueblo. O algo así.
Además de que siendo honestos esos monumentos poco han hecho por incluirnos en el relato, en esta construcción de la idea de nación parece que solo algunos pocos estaban incluidos y nosotros solo andamos viendo gracias.
Lo bueno es que podemos construir uno nuevo, y quien sabe, si lo logramos, hasta tengamos héroes a quienes queramos hacerles glorietas y estatuas porque no los queremos olvidar.