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Un golpe de Estado es una receta de pastel
(Hay que saber buscar ingredientes y seguir instrucciones).
Un acercamiento a la preparación del derrocamiento de Jacobo.
Por allí en 1953 los Estados Unidos andaban buscando un dictador para Guatemala, -hacer un golpe de Estado no es solo tirar bombas y asustar a la gente, fíjense– como en todo hay que ver los cómos, los cuándos, los dóndes y cuántos.
El porqué ya se tenía.
Los gringos estuvieron desde el gobierno de Truman y luego con D. Eisenhower viendo que hacer para bajarse a Jacobo. No les gustaba su gobierno porque daba un ejemplo que no le gustaba a la región, además que gente de la frutera estaba muy cerca de las altas esferas del gobierno presionando por sus intereses económicos.
Pero digamos que el problema era el comunismo.
Primero elaboraron el Pbfortune para considerar asesinarlo a él y a una lista larga de su gabinete y cercanos, pero no tuvo mucho éxito. Tampoco funcionó dejar que se involucraran tanto como les habría gustado a otros dictadores, –Trujillo y Somoza los más entusiastas– aunque sí es cierto que la decisión de poner y proponer a Carlos Castillo Armas si tuvo que ver con que era el protegido de Somoza, a los gringos les gustó Carlos porque además de dócil, no era tan miedoso y falto de carácter como Idígoras Fuentes, quien iba con cada embajador, delegado, o quien fuera diciendo que él era el elegido para destruir la amenaza comunista de Guatemala, pero a la hora de la hora era como el perro pequeño que ladra a los más grandes pero solo si la reja está cerrada.
Castillo tenía un poco más de audacia, estaba en el exilio y había escapado de la cárcel, no era mucho, casi nada, pero era lo que había.
Por su parte en la tierra de la libertad había un movimiento de propaganda contra Guatemala desde el departamento de Estado, Congreso y otros, hasta la prensa, que tuvo una intensa participación en generar apoyo al ataque a Guatemala y normalizar entre la población estadounidense que se derrocara a un presidente electo democráticamente y con mayoría en su propio país.
Hablaron intensamente sobre el problema comunista en Guatemala por meses hasta que Jacobo renunció.
Propusieron sanciones como la importación del café que hizo la senadora Margaret Chase Smith (que no gustó ni al gobierno estadounidense, pues dijeron que el alto precio se debía al mercado internacional y los cafetaleros de Guate dijeron que ellos no colaboraban con los comunistas), por cierto ella no sabía nada de Guatemala o de la región siquiera su especialidad era Oriente Medio, pero ahí andaba la señora.
O el caso del senador Jackson que propuso una intervención militar, pero eso ni pensarlo, no por decencia, si no porque sobre todas las cosas USA no quería ser acusado de la intervención que estaba llevando a cabo contra nuestro país, eso rompería la ilusión de soberanía y respeto que promovía al menos en papel entre las naciones americanas.
Además de la actividad Estatal estaba la prensa, desde el New York Times, Revista Time,El Atlantic, Saturday Evening Post, The Nation, American Mercury, News Reader, Newsweek Cristian Science Monitor y muchos otros muy reconocidos medios escritos se pusieron creativos para hacer ver a Guatemala casi como la nueva Moscú en versión primaveral. Hasta el muy querido por muchos Readers Digest dijo que Guate era una colonia comunista… El Kremlin sabía perfectamente que el pequeño país estaba demasiado cerca del imperio del águila para poder hacer algo sin desencadenar grandes repercusiones, y para responder a los “Americanos” pronto apareció en el plano geopolítico Cuba.
Y con la isla era más que suficiente.
Hasta para hacer algo malo hay que hacerlo bien, los golpes de estado también.
Se las seguiré contando.
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