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El Soconusco, ahh, esa región centroamericana donde se vosea en voz baja.
Wilber Sánchez Ortiz

El Soconusco, ahh, esa región centroamericana donde se vosea en voz baja.

La región del Soconusco se encuentra en el estado de Chiapas, México y aunque en la actualidad lo componen 15 municipios hubo un Soconusco histórico, un territorio, una patria, cuya influencia cultural se situó desde las tierras bajas y cálidas de Tonalá, Chiapas hasta las tierras bajas y cálidas de Retalhuleu, Quetzaltenango y San Marcos, en Guatemala.

Fue siempre territorio de disputa entre Guatemala y México y fue en el contexto del imperio mexicano de Agustín de Iturbide, posteriores al movimiento de independencia mexicanos y centroamericano, que hubo un primer intento de definición de fronteras con México.

El Soconusco que hasta entonces mantenía una comunicación cotidiana hacia Guatemala, al igual que el resto del estado de Chiapas, no cambió con la nueva disposición de origen político y siguió teniendo a Guatemala como su referente en el que se mantenían los negocios, la comunicación, la educación: no son pocos los intelectuales formados en la Ciudad de Guatemala como el célebre Fray Matías de Córdova o el poeta Rodulfo Figueroa.

Esta realidad atiende el hecho de que las provincias del Soconusco y de Chiapas se mantenían aisladas del resto de México y por consecuencia la comunicación respondía, como bien dijo el sabio guatemalteco David Vela, a que es una región homogénea en lo geográfico y lo cultural, además de su homogeneidad genética agregaría yo. Porque resulta, para apuntalar esto último, que los chiapanecos nos encontramos más emparentados con la población guatemalteca que con cualquier otro estado de la república mexicana.

No es de extrañarse entonces que, en el mismo siglo XIX, el propio gobierno municipal de Tapachula pretendiera unir al Soconusco a la Federación de Provincias Unidas de Centroamérica y más tarde, José María Chacón, un líder político con ascendencia comercial y familiar en Retalhuleu intentara separar al territorio del Soconusco de la administración chiapaneca y ser tratado por el gobierno mexicano como territorio aparte, aunque sus malquerientes lo acusaron de pretender anexar el territorio a Guatemala.

En la década de los treinta del siglo XX y en el marco de la reforma agraria, el estado mexicano realizó la repartición de tierras en sitios habitados por migrantes de diferentes orígenes, aunque de forma fundamental por jornaleros chamulas y guatemaltecos establecidos en las fincas cafetaleras por la falta de mano de obra, pero también, los últimos, por los lazos de parentesco y por el consabido flujo comercial preexistente.

Asociados a lo guatemalteco estaba la raíz indígena. En el Soconusco cosmopolita apenas quedaban pequeños pueblos de origen mam, pero también estaba Tuzantán un solo pueblo de hablantes de maya tuzanteco emparentados a Motozintla, otro pueblo en la sierra de hablantes de mochó, recién incorporado a México pues estaban del lado guatemalteco y que a partir de los tratados entre Matías Romero y Justo Rufino Barrios que se quedaron como población mexicana.

De esa forma, el gobierno mexicano afanado en entregar tierras a mexicanos de la línea fronteriza se decidió a combatir los rasgos guatemaltecos en la población: lenguas indígenas, ropas tradicionales y hasta rasgos en el uso del español combatidos éstos también desde la escuela, en particular el voseo que fue prohibido, pero que se insubordinaba en el habla cotidiana de la gente común.

Así, quedaron dispersos en caseríos y colonias una colectividad de origen guatemalteco, mestizos en su mayoría, que presentaron como argumento de la migración ser originarios de otros pueblos chiapanecos, dispuestos a negar su origen chapín evitando el voseo, negando los remanentes de sus lenguas originarias y acentuando voces xenófobas como cachuco, chirijo, para referirse a sus mismos compatriotas, actitud que heredaron de manera más acendrada sus hijos y nietos y que desde luego ya tenía el mestizaje rural mexicano de aquella época.

Así, en toda la línea fronteriza del Soconusco el voseo pasó a negarse en público y a expresarse a nivel familiar, en corros de amistades cercanas, en un lenguaje como de relajo, en discursos que parecieran no tomarse en serio, pero nunca en foros abiertos, en discursos político administrativos, en ponencias desde las aulas.

En algún lugar cuyo origen libresco no recuerdo, el sabio español Miguel Unamuno refiere que cuando uno ríe despacio, por lo bajito, uno sotoríe, luego entonces, el voseo en el Soconusco se habla por lo bajito, sotovoceamos. Y no me refiero nada más a la expresión italiana sotto vocce, que involucra a todo lo que digas, sino al hecho explícito de vocear en voz baja.

Baste un ejemplo: la modificación que de Vuestros pies, aquella canción del compositor guatemalteco Luis Galich en cuyo verso dice: vos lo vez, el grupo mexicano Alhué, que en los años setenta causó sensación en los portales en Tapachula, es decir a tiro de piedra desde la frontera, modificó el mismo verso para decir: tú lo vez, a pesar de mantener en la misma canción los acentos agudos que los centroamericanos usamos en nuestro día a día. No deja de tener interés el hecho de que en la población chiapaneca el voseo se mantenga y en el Soconusco se llegue al extremo de negar su uso o se mantenga a discreción en tanto se mantiene vigente el voseo verbal, es decir las palabras agudas que citaba líneas atrás y que en el resto de México no se utiliza: mirá, agarrá, pensá…

Ahh, el Soconusco que niega su origen centroamericano. Ahh, el único pueblo en el mundo que sotovocea y que pretende acallar, con el discreto sonido de su voz, el poderoso griterío de sus genes.

Tuzantán, Chiapas, México. Septentrión de Centroamérica. 16-08-2026.

Vuestros pies de Luis Galich interpretado por el grupo Alhué de Tapachula

 

 

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